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Praga Al ritmo de la arquitectura

No existe otro lugar en el mundo donde en una superficie tan pequeña se presente una combinación tan variopinta de los estilos arquitectónicos. Como si de un milagro se tratara en los últimos mil años de su existencia, Praga se ha librado de catástrofes ambientales y devastadoras guerras. De tal modo que puedes leer en sus calles, como si fuera un libro, en el que se entrelazan los distintos sucesos  en una impresionante narración. Las historias más antiguas quedan encerradas entre los pesados muros de piedra de las iglesias románicas y se elevan hacia el cielo por entre los delgados pináculos de los templos góticos, otras cuentan sobre los que antes habitaban las casas burguesas renacentistas, y hay otras que, al cabo de algún tiempo, vuelven a recibir un contenido y una experiencia espiritual en las fachadas barrocas, onduladas dinámicamente.

El variado mosaico histórico de Praga viene completado por muestras, no menos valiosas, de la arquitectura contemporánea. Encontrarás entre ellas edificios construidos al estilo arquitectónico que no aparece en ningún otro país del mundo. 

La loca danza cubista

Los arquitectos checos han demostrado en repetidas ocasiones que saben enfrentarse originalmente a grandes problemas de estilo que el arte mundial ha abandonado tras alcanzar su fase culminante. Actitud similar en el medievo como en tiempos más modernos. Un original ejemplo de ello es una peculiar adaptación de los planteamientos del cubismo y su transmisión a la arquitectura que puedes admirar precisamente en las calles de Praga. 

A principios del siglo XX, jóvenes arquitectos checos que buscaban su propio estilo arquitectónico más moderno descubrieron por sí solos, sobre todo gracias al historiador de arte Vincenc Kramář, la obra de Pablo Picasso y George Braque. Tras estos impulsos, supieron olvidar los conceptos que les unían al pasado y crear su propio lenguaje artístico que se caracterizaba por el uso de formas piramidales y superficies inclinadas que debían expresar la nueva actividad del espíritu humano. Desde el comienzo los críticos conservadores, así como sus colegas arquitectos, que se sintieron muy indignados por la “loca danza cubista”, se opusieron al nuevo concepto. Mientras tanto, los cubistas siempre defendieron la capacidad de la nueva arquitectura para completar de manera armónica aquellas partes de Praga que presentaban un valor histórico.

Actualmente, puedes convencerte con tus propios ojos de si lo han logrado y cómo, por ejemplo, contemplando los edificios de Pavel Janák en los que se une el barroco dinámico con el cubismo analítico de Picasso. Uno de los mejores ejemplos de la arquitectura cubista de Praga, la Casa de la Virgen Negra (1912), de Josef Gočár, se puede ver cerca de la Plaza de la Ciudad Vieja. Puedes admirar, entre otras cosas, el sutil arte del arquitecto de saber expresar los estados de ánimo y las emociones por medio de formas abstractas. Aquí se encuentra también la única cafetería cubista del mundo. El Grand Café Orient fue equipado por Josef Gočár con muebles, lámparas de arañas, papeles pintados e incluso percheros de estilo cubista. 

Laterna Magika

Fue en 1958 cuando los espectadores vieron asombrados por primera vez , en el pabellón checoslovaco en la Exposición Universal de Bruselas, el espectáculo que combinaba la proyección fílmica con la danza, la música, la luz y la pantomima. Los autores de este revolucionario concepto multimedial, el director de teatro Alfréd Radok y el escenógrafo Josef Svoboda, lo llamaron Laterna Magika. En esa época seguramente no sabían que habían creado un fenómeno que en los siguientes decenios cautivaría a millones de espectadores a lo largo de todo el mundo.

Desde 1992, el teatro Laterna Magika tiene residencia permanente en el edificio de la Nueva Escena del Teatro Nacional, una de las obras arquitectónicas de Praga más discutidas en los últimos treinta años. Desde el comienzo, su aspecto riguroso con el que esta obra del controvertido arquitecto Karel Prager se abrió espacio entre los edificios históricos circundantes, ha suscitado pasiones. Poco después de su finalización, recibió numerosos apodos sarcásticos, no obstante, actualmente conforma uno de los emblemas indiscutibles del centro de la ciudad.

Los visitantes de Praga admiran la solución “cubista” del revestimiento del edificio principal, que consta de más de cuatro mil ladrillos de forma especial, de cristal soplado, según el proyecto del famoso artista plástico cristalero Stanislav Libenský. Cada uno de los azulejos tiene un labrado distinto de la superficie de modo que en su conjunto se componen formando un vigoroso relieve y todo el edificio representa una auténtica obra plástica de cristal.

El patio (piazzetta) entre los edificios del Teatro Nacional y la Escena Nueva es hoy día además un lugar vivo donde tienen lugar varios espectáculos de baile y teatro. En varias ocasiones la fachada de cristal de la Nueva Escena  es utilizada por los artistas contemporáneos como una gran "pantalla" que hace posible desarrollar algunos de los principios utilizados por la Laterna magika en sus espectáculos directamente en el espacio público.

Casa Danzante

Después de 1989, Praga se ha abierto a nuevas oportunidades y el mosaico arquitectónico ha sido completado por nuevos ejemplos de la nueva arquitectura. El primer edificio proyectado por un destacado arquitecto mundial que apareció en Praga tras la Revolución de Terciopelo, fue la casa apodada desde el comienzo como Ginger y Fred. Desde 1996, se alza en la orilla derecha del río Moldava, en la esquina del Malecón de Rašín (Rašínovo nábřeží) y la Plaza de Jirásek (Jiráskovo náměstí), que permaneció vacío tras el bombardeo de finales de la Segunda Guerra Mundial. La costrucción fue diseñada por los arquitectos Vlado Milunić y Frank O. Gehry, autora de una parte del interior de las oficinas es la arquitecta británica de origen checo Eva Jiřičná.

La denominación de Casa Danzante viene de sus dos torres que simbolizan  la famosa pareja de bailarines de los años 30 y 40 del siglo pasado, Fred Astair y Ginger Rogers. La bailarina, representada por la torre de vidrio, da un pequeño paso hacia adelante al espacio de la Plaza de Jirásek, mientras que el bailarín de piedra está orientado hacia el malecón. En general, todas las obras de construcción han ido acompañadas de acalorados debates acerca del futuro desarrollo arquitectónico de Praga. El año de su finalización, la Casa Danzante obtuvo el prestigioso premio de la revista norteamericana Time, en la categoría “el mejor diseño del año”. 

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