Praga
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© Martin Mařák

Praga Tan cerca de las estrellas

Cuenta la leyenda que el destino estelar de Praga fue profetizado mucho tiempo antes de su origen: “Veo una gran ciudad cuya fama tocará las estrellas”. Se dice que esta profecía señaló un lugar en medio de los profundos bosques silvestres que se extienden a lo largo del río Moldava, justo en el mismo punto donde los primeros pobladores mandaron construir un castillo. 

Hasta el día de hoy la fusión entre la ciudad y las estrellas, la astronomía y la magia astrológica, tan propia de Praga es difícil de describir. Tal vez a una estrella se deba el hecho de que Praga se librara de todas las grandes guerras y catástrofes que ha sufrido Europa Central, tal vez por eso, haya podido mantener su carácter único en el que se han entrelazado los estilos arquitectónicos durante todo un milenio creando una pintoresca forma compacta que no se observa en otro lugar del mundo.

El misterioso ambiente de Praga siempre, una y otra vez, ha impresionado a sus visitantes, entre otros a las personalidades más ilustres que ha tenido la ciencia, el arte y la política, personajes que por casualidad llegaron de visita a este cruce de caminos situado en el centro de Europa, o porque pasaron, por algún tiempo, parte de sus vidas hospedados en alguna de sus viviendas. ¿Pero de qué emana el encanto y la belleza de Praga? ¿En qué consiste su secreto? ¿Cuál es el origen de lo “sobrenatural inexplicable” en el que depara el escritor checo Jakub Arbes? Es probable que nunca encontremos una respuesta sencilla porque en Praga existe algo que permanece oculto bajo su superficie, algo inalcanzable para la banalidad cotidiana e imperceptible para nuestra forma de observar. El que quiera conocer Praga, tiene que saber algo de ella, algo que no podrá leer ni en las guías turísticas mejor informadas. Esto significa solo una cosa: hay que verla, dar un paseo por sus calles y conocer con tus propios ojos esta ciudad de estrafalarios y visionarios, el corazón inquieto de la Europa Central, como hace tiempo lo caracterizó, el escritor alemán Oskar Wiener. Ni el mejor poema, ni la mejor novela pueden expresar un mero fragmento de sus secretos y reconocida belleza.

Rey de los charlatanes y científicos

Fue durante el reinado de Rodolfo II (†1621) cuando Praga probablemente vivió su período de mayor esplendor. Uno de los nobles más excéntricos de la historia checa convirtió a Praga en la capital de su imperio y llegó a acumular en su corte tesoros de un inmenso valor. Las arcas del castillo estaban repletas de artilugiosy curiosidades, pero a la vez ostentaban la colección más grandiosa de obras artísticas de la época. Actualmente, puedes admirar en el Castillo de Praga una parte de esta preciada colección que tuvo un destino tan accidentado. En la Pinacoteca del Castillo de Praga podrás contemplar, por ejemplo, las obras de Veronese, Dürer o de Hans von Aachen. 

Durante el gobierno de Rodolfo, Praga vivió afectada por el carácter excéntrico de su monarca. La época era favorable para astrólogos, metafísicos enloquecidos y diversos estafadores. La afición del emperador a las estrellas atraía a Praga por igual a los mejores astrónomos, a alquimistas y charlatanes de todo tipo. Cuenta la leyenda que los hombres del secreto oficio habitaban el pintoresco Callejón del Oro (Zlatá ulička) del Castillo de Praga, que en la actualidad se conserva prácticamente intacto.

Otra de las paradojas de la historia es el hecho de que justo en la casa de al lado de Einstein, unos siglos antes, vivió el mayor rebelde de la astronomía Giordano Bruno, posteriormente quemado en la hoguera por su convicción de que ni la Tierra ni el Sol son el centro del universo y que el universo es infinito. En Praga, al alcance de la vista del Reloj Astronómico, redactó dos escritos mientras esperaba sin éxito su admisión a los servicios de Rodolfo II, uno de ellos dedicado directamente al mismo emperador, tal vez quizás a modo de despedida. Se tituló Ciento sesenta artículos en contra de los matemáticos y los filósofos contemporáneos. 

Gracias al emperador Rodolfo II, Praga se convirtió en el lugar de encuentro de dos de los personajes más significativos de la historia de la astronomía. Su relación y la muerte de uno de ellos, sin aclarar durante mucho tiempo, han inspirado la imaginación de historiadores y escritores de todo el mundo. En Praga, encontrarás recuerdos de ambos astrónomos tan importantes a cualquier paso que des.

Elprendiz de astrónomo y la misteriosa muerte del maestro

Tycho de Brahe se le considera uno de los mejores observadores del cielo sideral, dada la exactitud mostrada en sus mediciones, cuyos descubrimientos no han sido superados hasta sesenta años después de que fuera inventado el telescopio. Se instaló en la corte de Rodolfo II después de una pelea con el rey Cristián IV que provocó que abandonara Dinamarca. Aun siendo un científico al servicio del emperador, también ejercía de astrólogo, y cuenta la leyenda que un día pronosticó al emperador que su destino estaba íntimamente ligado a la vida de su león favorito. Se dice que Rodolfo realmente falleció pocos días después de la muerte de la fiera.

También existen muchas leyendas en torno a la muerte del mismo Tycho de Brahe. Se decía que la vejiga se le reventó mientras observaba un eclipse solar, otra leyenda cuenta que la causa de su muerte fue su extremada timidez que le impidió levantarse de un festín antes que el emperador, de ahí que la vejiga no lo pudiera soportar. Las hipótesis más recientes se basan en la sospecha del envenenamiento accidental, o incluso intencionado. Según una de las últimas versiones, su asesino pudo haber sido un noble sueco, que actuó por orden del rey Cristián IV, otra afirma que fue su asistente Johannes Kepler, que anhelaba conseguir los apuntes sobre las investigaciones astronómicas que Brahe había reunido durante los cuarenta años de su carrera. Con esta cruel intervención, el joven Kepler podría asegurarse una carrera brillante.

El enigma, que perduró cuatrocientos años, ha sido descifrado recientemente. En enero de 2009, Dinamarca solicitó la exhumación del cuerpo de Tycho de Brahe, sepultado en la Iglesia de Nuestra Señora de Týn en la Plaza de la Ciudad Vieja. Al año siguiente, llegó a Praga un equipo de científicos daneses para investigar sobre los restos mortales y averiguar si la muerte había sido causada por una intoxicación por cloruro mercúrico. El 15 de noviembre, los arqueólogos levantaron los restos mortales de Brahe colocados en un ataúd de estaño. En su interior encontraron parte de huesos largos, costillas y también del cráneo que fueron trasladados al hospital Na Homolce de Praga, para continuar allí con la investigación con ayuda de la tomografía computerizada.

Dos años después en el informe publicado sobre la muerte de Brahe en Praga se concluyó que las causas de su fallecimiento fueron naturales por lo que no había sido envenenado.

Exhumación de los restos mortales de Tycho de Brahe

Después de más de cuatro siglos, este renombrado científico se libró de las falsas acusaciones. Johannes Kepler empezó su carrera en Praga como ayudante de Tycho de Brahe participando en la elaboración de los cálculos, tan exactos, de las órbitas de los planetas, entre otros la de Marte. Después de la muerte de Brahe, ocupó el cargo de matemático y astrólogo del emperador y continuó con su propio trabajo. Fue en Praga donde Kepler descubrió y publicó, en su libro Astronomia Nova, las primeras dos de sus tres leyes que describían el movimiento de los planetas en sus órbitas alrededor del Sol y que sentaron las bases, con gran precisión, de la astronomía. Los científicos han sido capaces de probar experimentalmente la validez de sus cálculos tan solo hace medio siglo, e incluso muchos años más tarde sus planteamientos han sido utilizados por los constructores de naves espaciales para lanzar los primeros satélites artificiales y sondas espaciales. 

El Reloj astronómico de la Ciudad Vieja es probablemente el reloj astronómico medieval mejor conservado que existe. Fue instalado en la torre del Ayuntamiento de la Ciudad Vieja, en 1410. Su autor fue Jan Ondřejův llamado Šindel, del trabajo como relojero se encargó Mikuláš de Kadaň. El corazón medieval del reloj, es decir las ruedas dentadas con 365, 366 y 379 dientes que garantizan el movimiento de los indicadores del Sol, la Luna y del zodíaco, se han conservado hasta el día de hoy y funcionan a la perfección. A finales del siglo XV fue agregado un calendario que en 1866 se reemplazó por otro nuevo, realizado por el pintor Josef Mánes. Jan Ondřejův (aprox. 1375-1454) fue un excelente astrónomo, matemático y médico medieval. Su obra fue alabada incluso por el mismo Tycho Brahe.

El reloj astronómico es en realidad un astrolabio, una especie de ordenador análogo universal que se basa en el principio mecánico y que muestra la distancia aparente de los cuerpos cósmicos en el cielo. El reloj astrónomico posibilita calcular en qué signo se encuentra el Sol, averiguar la altura del sol sobre el horizonte, la hora y el lugar de la salida y la puesta del sol, los días de los solsticios de los equinoccios y otros datos más. La manecilla que porta una pequeña estrella dorada muestra el tiempo sideral. El ingenioso aparato fue completado, en el siglo XVIII, por figuras mecánicas de los doce Apóstoles, que cada hora entera desfilan en la parte superior de la torre.

Cuenta la leyenda que la marcha del reloj está relacionada con el destino de la tierra checa. Mientras que la máquina funcione, todo irá en orden, más o menos, pero cuando ésta se detenga llegarán malos tiempos. El último acontecimiento de este estilo ocurrió en 2001, poco antes de la medianoche de la Noche Vieja. Un pequeño desajuste dejó la máquina (ahora impulsada por tracción eléctrica) fuera de funcionamiento, y en agosto de 2002 Praga fue afectada por devastadoras inundaciones.